Praderas marinas II: ¿Qué beneficios nos aportan?
“No importa en qué lugar del Planeta vivas: cada gota de agua que bebes o cada vez que respiras… estás conectado al mar” Sylvia Earl.
© Protect Blue / SeaTrees
La oceanógrafa Sylvia Earl pone sobre la mesa una realidad que no siempre tenemos presente: Todos los beneficios que los ecosistemas marinos aportan a la humanidad y nuestra interdependencia con ellos. De ahí la importancia de aprender sobre la naturaleza que nos rodea para protegerla más y mejor.
Vistas la morfología y diversidad de las fanerógamas en el Mar Mediterráneo en la primera parte de este blog, sabemos que las praderas marinas constituyen unos ecosistemas muy especiales en nuestras costas. ¿Cuáles son las especies de fanerógamas marinas propias del Mediterráno? Posidonia oceanica, Cymodocea nodosa, Zostera marina y Zostera noltii. Éstas desempeñan múltiples e importantes funciones ecológicas y nos aportan gran cantidad de bienes a los que nombramos servicios ecosistémicos.
Los servicios ecosistémicos son las contribuciones directas e indirectas que los ecosistemas brindan al bienestar de la vida humana. Es un concepto humanocentrista, sí, pero nos sirve para llamar la atención para su protección. Estos beneficios se traducen de manera práctica proporcionando alimentos y agua, regulando el clima, mejorando la salud o contribuyendo a la economía; así como en aspectos más inmateriales como el sentimiento de identidad a un lugar, el bienestar emocional o la reducción del estrés y la ansiedad. Todas estas contribuciones pueden verse afectadas por los impactos de la sobreexplotación, la contaminación, el cambio climático y las actividades humanas incontroladas.
Aunque tenemos muy claro que los hábitats deben conservarse por sí mismos -porque son la naturaleza que nos rodea y por respeto a nuestro origen-, la realidad es que la conservación de los ecosistemas marinos está muy lejos de tener el lugar que se merece. Si se reconociera por parte de la sociedad el verdadero valor que los ecosistemas naturales tienen para el bienestar humano, se invertiría más en su protección y gestión.
Como ya comentamos en el post sobre Bosques submarinos, las fanerógamas marinas son, entre otras, #EspeciesIngenieras. Posidonia oceanica es una especie estructurante o ingeniera por su capacidad de dar forma al ecosistema y crear hábitat para otras especies. Posidonia es el lugar de puesta, reproducción, refugio y alimento de gran número de especies y, así mismo, son muchas las especies que dependen directamente de estas praderas para sobrevivir. De esta forma, las praderas ayudan a fomentar la prosperidad de las poblaciones de organismos locales e indirectamente fomentan la industria pesquera y del turismo.
© Martin Colognoli
Pero vayamos al grano con ejemplos de cómo contribuye la posidonia al bienestar humano (pues es la fanerógama mediterránea más estudiada):
- Protectoras de la costa
P. oceanica proporciona protección a la zona costera al amortiguar la acción de las olas, ya que absorbe la energía de las olas reduciendo la tasa de erosión del sedimento hasta 4-6 veces más que en áreas sin praderas marinos. Ayudan a preservar y mantener la arena de nuestras playas frente al oleaje y eventos climáticos extremos. Debido al cambio climático, este tipo de eventos serán cada vez más frecuentes y por eso su papel es fundamental para preservar nuestras costas. La posidonia muerta en las playas en forma de arribazón ofrece protección en las tormentas de otoño e invierno y evita la regresión del sistema dunar. También aportan materia orgánica, refugio de humedad, viento y salitre a las plantas del primer cordón dunar.
- Generadoras de arena
Las playas arenosas de Baleares están formadas por partes duras de organismos marinos (foraminíferos, bivalvos, restos de algas calcáreas, etc.) rotas y erosionadas, que crean así la fina arena blanca/rosada de las playas. Cuando los organismos mueren, o bien sedimentan en la pradera o con el tiempo acaban acumulándose en la playa.
- Aguas cristalinas
Las praderas estabilizan el sustrato y atrapan partículas en suspensión en la columna de agua donde se integran con el resto de rizomas muertos que se van acumulando a lo largo del tiempo y forman el arrecife/arribazón. De esta manera se reduce la turbidez y se mantienen unas aguas claras y transparentes en la costa.
© Silvia Mus
- Pulmón marino
Las fanerógamas, como la posidonia, son plantas y hacen la fotosíntesis, y utilizan la energía de la luz solar para fijar carbono inorgánico (CO₂) y producir oxígeno (O2). Posidonia oceanica puede exhalar hasta 20 litros de oxígeno por día y metro cuadrado de pradera. En comparación, la posidonia produce cinco veces más oxígeno que una selva amazónica por m2, aunque su capacidad se está viendo rápidamente afectada por la contaminación marina y los efectos del turismo masivo. Este oxígeno será el que posteriormente respiren las comunidades animales que viven a su alrededor.
- Carbono azul
Las praderas de posidonia son uno de los ecosistemas costeros fundamentales en la mitigación del cambio climático. Se calcula que las praderas submarinas ocupan menos del 0,2% de los fondos marinos, pero secuestran el 10% del carbono anual almacenado en los océanos. Gracias al proceso fotosintético, las praderas actúan como sumideros de carbono, almacenando miles de toneladas de CO₂ al año, además de C procedente de fuera y que sedimenta en la pradera. Estos depósitos de C pueden llegar a los 6m de altura. Si la pradera viva desaparece o es eliminada, entonces es susceptible de ser erosionada y el carbono devuelto al agua y a la atmósfera.
- Bioindicadoras de calidad
Uno de los principales problemas al que la humanidad se enfrenta es la mala calidad de las aguas. La posidonia es muy sensible a ésta, por lo que su buen estado de salud es proporcional la calidad del agua. En otras palabras, es indicadora del buen estado ambiental, y por eso se utiliza en la Directiva Europea Marco del Agua como biondicador. Según la recopilación de estos datos en el Informe del Mar Balear, empleando P. oceanica como indicador se ha observado un declive gradual en la calidad de las masas de agua de las Baleares.
- Materia prima
En el Mediterráneo, la hojarasca de posidonia depositada en las playas se utilizaba como material de aislamiento para los techos de las casas, lecho para los animales, para esponjar la tierra del huerto y, muy anteriormente, como material protector para transportar vidrio (por eso también se la llama “alga de los vidrieros”). Actualmente en Baleares está prohibido retirar cualquier parte de posidonia, viva o muerta. Solo en algunas playas no naturales se permite la retirada de la hojarasca de la playa por motivos estéticos (o antiestéticos…).
- Interacciones físicas, emocionales e intelectuales
La posidonia es una especie ya simbólica y emblemática del Mediterráneo, especialmente en las Islas Baleares y levante español gracias a muchos años de investigación y educación ambiental en torno a ésta. Su conservación y restauración sigue siendo una oportunidad para la educación, así como la ciencia. Su presencia manifiesta el emblema “mediterráneamente”, un carácter social y cultural usado hasta en múltiples campañas publicitarias.
A nivel de valor cultural y patrimonial, la gran pradera de posidonia entre Eivissa y Formentera fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.
Es una inspiración artística tanto para el teatro, la pintura, como la escultura.
A nivel cultural y económico, en las praderas se realizan visitas en snorkel, de buceo, en embarcaciones de visión submarina, pesca recreativa, etc., dado el carácter de especie ingeniera de ecosistemas que alberga otras especies emblemáticas como los caballitos de mar, cefalópodos, etc…
Hablando de oportunidades, recientemente hemos publicado una “Guía para la restauración activa de Posidonia oceanica” (en inglés y en francés) en conjunto con la Mediterranean Posidonia Network. Una guía para poder seguir disfrutando de este hábitat y todos los servicios que nos ofrece, así como una posibilidad para reparar lo que hemos roto.
¡Si quieres saber más, no dudes en seguir leyéndonos!
Artículo escrito por Laura Royo y Ainhoa Hermida.